lunes, 30 de diciembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (160)

Revista MADUREZ ACTIVA



  Revista galardonada por la Junta de Andalucía en su TERCERA  EDICIÓN DE LOS PREMIOS EN EL ÁMBITO DE LAS PERSONAS MAYORES. La publicación se difunde a nivel nacional  con más de 30.000 lectores





           MADUREZ ACTIVA es una publicación trimestral editada por la Federación Andaluza de Asociaciones de Aulas Universitarias de Mayores (FADAUM). Nace en enero de 2007 y desde sus comienzos está subvencionada por la Junta de Andalucía a través de la  Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales,  Dirección General de Mayores, Infancia y  Familias. Edita 5.000 ejemplares con distribución en todas las universidades, instituciones, entidades y asociaciones de Aulas Universitarias de Mayores de toda España relacionadas con los Programas Universitarios para Mayores (PUM) dándolos a conocer con todos sus beneficios, sobre todo, en la prevención de la dependencia y en reconocer a las personas mayores como “gestores del conocimiento”.



      MADUREZ ACTIVA se edita con el objetivo de  difundir una imagen positiva, real, sin estereotipos, y no difusa del envejecimiento, y defensa del derecho de las personas mayores a envejecer activamente. La contribución de la revista al envejecimiento positivo como epicentro de las políticas sociales dirigidas a las personas mayores, y a su labor en mostrar una imagen contemporánea y veraz de las mismas. Uno de los méritos que hay que destacar de la publicación es el crecimiento de su difusión a nivel Nacional e Internacional, siendo la única publicación periódica dedicada a la investigación, promoción y difusión de los Programas Universitarios para Mayores andaluces. Actualmente se erige como instrumento de divulgación de las actuaciones, reflexiones y propuestas que se están desarrollando en los distintos ámbitos de Andalucía, con referencia a otros programas, noticias y actividades de interés que se desarrollan en el resto de España y en la adecuación al Espacio Europeo, atendiendo a las recomendaciones del Acuerdo de Bolonia en lo que respecta a "Long Life Learning" o educación para toda la vida.


MADUREZ ACTIVA desde su nacimiento se edita en formato papel y en PDF, pudiéndose consultar en la hemeroteca, alojada en la página Web de la Federación (1).  Gracias a esta difusión digital, más de 30.000 lectores descargan trimestralmente Madurez Activa de Internet La recepción de colaboraciones es cada vez mayor y de más interés, dada la necesidad de difusión que merecen los programas de envejecimiento activo y la creciente oferta de investigación e innovación en pro de la calidad de vida de las personas mayores, que emanan de universidades y organizaciones científicas españolas

MADUREZ ACTIVA, tras el éxito obtenido quiere seguir fomentando el objetivo que está consiguiendo: ser una revista de formación académica de Personas Mayores dirigida a toda la Comunidad universitaria a través de un aprendizaje, espíritu y convivencia Intergeneracional. 



MADUREZ ACTIVA cuenta entre sus páginas con artículos de reconocidos expertos, periodistas, autoridades y socios miembros de FADAUM que desean cambiar concepciones tradicionales de la vejez como deterioro, ruptura, soledad o carga social, y transformarlos en enfoques más novedosos que puedan entender el envejecimiento como un proceso de cambio y continuidad con el ciclo vital, como oportunidad, tiempo productivo, ajuste vital positivo, emancipación y aprendizaje de nuevos conocimientos y experiencias para hablar con naturalidad de envejecimiento satisfactorio, activo, productivo y saludable.

MADUREZ ACTIVA, entre sus hitos, publica entrevistas realizadas en persona a los rectores, vicerrectores y responsables de los Programas Universitarios para Mayores de las nueve universidades públicas andaluzas. Y continúa con expertos universitarios a nivel autonómico, nacional e internacional.

(1) Hemeroteca
Puede descargar los números de Madurez Activa en 
www.fadaum.org/madurezactiva.html
 Contacto- Correo electrónico

lunes, 23 de diciembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (159)

Juegos y personas mayores  

Los nuevos mayores constituyen un  grupo de población, con características diferenciadas.  Las generaciones recién entradas en  periodo de jubilación plantean nuevas necesidades y demandan alternativas distintas para ocupar su tiempo. Se trata de un grupo con formación media/alta que debe ser tenido en cuenta al diseñar nuevas alternativas de intervención mediante el ocio.  Es importante tener en cuenta a la hora de establecer propuestas lúdicas que son los mayores los que cuentan con más tiempo a su disposición para dedicar a este tipo de actividades.



            
 Los juegos de mesa tradicionales (cartas, dominó, bingo...) cuentan con una amplia aceptación entre los mayores. Cuando se deciden a jugar, la gran mayoría opta por este tipo de juego. Sin embargo, hay otras alternativas lúdicas  con altos niveles de diversión motivados por productos de juego menos habituales.



          Los efectos del juego o de la actividad lúdica sobre la salud física, mental y afectiva de las personas mayores han sido  estudiados y confirmados. Cualquier programa dirigido a la promoción de un envejecimiento saludable puede verse beneficiado por el enfoque lúdico, ya que el juego favorece el desarrollo de muchos aspectos: la movilidad y agilidad; estimula la percepción sensorial; ejercita las habilidades cognitivas; potencia el contacto social y la comunicación; y ofrece nuevos entornos para el aprendizaje



Todos aquellos juegos que requieren coordinar los movimientos del cuerpo, movilizar de forma pausada las articulaciones o realizar estiramientos, contribuyen de forma muy positiva a mantener las habilidades sensoriales y motoras, potenciando el conocimiento de uno mismo y del mundo.

Los juegos de preguntas y respuestas y aquellos que requieren atención y concentración nos ayudan a mejorar la memoria. Los juegos de palabras y letras o cálculo ayudan a practicar algunos hábitos necesarios para el desarrollo de las actividades de la vida cotidiana. Además, el aprendizaje y memorización de las reglas de cualquier juego contribuye también al mantenimiento de las habilidades cognitivas. El juego en compañía, sea cual sea su temática u objetivo, es siempre una oportunidad para la mejora y uso del lenguaje.

El juego compartido fomenta las relaciones sociales y la comunicación al tiempo que estimula la satisfacción emocional y la seguridad. Además, jugar en contacto con otros permite hacer una valoración ajustada de nosotros y de los demás, ampliando el conocimiento de nuestro entorno. Los juegos cooperativos son especialmente adecuados para promover los mensajes positivos y reforzadores dentro del grupo.

Los ambientes estimulantes generados por la actividad lúdica facilitan el proceso de enseñanza-aprendizaje. Cualquier edad es adecuada para adquirir nuevos conocimientos y el soporte lúdico nos hace aprender casi sin darnos cuenta. El ocio formativo es también una excelente alternativa para el tiempo libre.

s mayores ante el juego


domingo, 15 de diciembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (158)

Algunas recomendaciones para el final de la vida


         El final de la vida debe de ser la continuidad de la vida. Nuestra época ha introducido cambios importantes en la manera de vivir la muerte, que van más allá del deseo de ignorarla. Se muere de otra forma y en otros sitios. Hasta hace 40-50 años no se moría en los hospitales, pero el gran desarrollo de la medicina hospitalaria y la tecnificación de la profesión han determinado  un doble criterio sobre el lugar del tratamiento Algunos pacientes pueden estar bien asistidos en su casa y desean permanecer en ella hasta el final, pero otros necesitan cuidados técnicos o humanos que sólo un hospital u otra institución les puede proporcionar en esos momentos tan difíciles.  La muerte en el propio domicilio, con preferencia, se asocia habitualmente a un menor riesgo de pesar y  a una mayor posibilidad de despedirse de este mundo en el mismo entorno en el que se ha vivido. 



         La búsqueda de una "muerte digna" se ha convertido en uno de los temas más discutidos de nuestro tiempo. A la persona que se siente morir, y mucho más a la que sabe que se va a morir, se le plantean diferentes conflictos que la familia debe conocer y ser capaz de valorar. Estos conflictos suelen agruparse en dos grandes apartados: pérdidas y temores. Entre las pérdidas, una de las más importantes es la de la propia independencia para llevar a cabo su papel en la familia y en la sociedad. Se producen pérdidas de imagen y de apariencia, pérdidas en muchos casos del control de los acontecimientos, de la capacidad para tomar decisiones o seguir el proceso de la propia enfermedad. Son pérdidas a menudo automáticas e inevitables. Entre los miedos, cabe destacar, en primer lugar el temor a la propia muerte, la pérdida de esperanza, sentimientos de frustración cuando se analiza la vida pasada y se piensa en los problemas que se dejan pendientes. El miedo se expresa también en aspectos mucho más concretos: al dolor que puede llegar, a los efectos del tratamiento, a la situación económica o al rechazo y abandono por parte de la familia y los amigos.  


         También otro de los problemas concretos con los que deberá enfrentarse la familia al llegar a este momento, es el tema de la información de la enfermedad. Todas las personas mayores tienen derecho a conocer su enfermedad así como su diagnóstico, pronóstico. Es un derecho recogido en la ley de sanidad y en la ley de autonomía del paciente. La familia, no debe de tener miedo al respecto. No es conveniente el mantener la llamada conspiración de silencio, es decir, ocultar la verdad. Es más, la persona mayor sin decirle la verdad, en muchas ocasiones conoce mejor que la familia su enfermedad y su pronóstico.

         Otro tema importante es conocer las preocupaciones reales o imaginarias que tiene la persona mayor moribunda, debido a que puede ser más importante solucionarle en un momento dado un problema de comunicación, de herencia o de una donación, que resolver su dolor. En su agonía se interesará profundamente por su familia como lo hacía cuando estaba bien. Las preocupaciones por sus seres queridos pueden ser causa de que el paciente se sienta inquieto y precise más cuidados. El contacto físico es fundamental para que  se sienta aceptado y acompañado

         Y ahora para terminar, unas recomendaciones de apoyo familiar para aliviar los temores comunes de una persona mayor cercana a la muerte: primera, tranquilizar constantemente al paciente asegurándole que se le mantendrá cómodo con la medicación y con la presencia de la familia; segunda,  ser sensibles a los ruegos verbales y no verbales del enfermo cuando solicita compañía, lo que ayuda a mantener su sensación de seguridad, autoconfianza y dignidad; tercera, responder al enfado y hostilidad del paciente con apoyo y comprensión; cuarta, las necesidades espirituales tienden a reavivarse. Si la persona está ansiosa y lucha por resistir a la muerte puede morir en un estado de pánico, mientras que si acepta como inevitable la muerte, está confortado, libre de dolor, emocional y espiritualmente tranquilo. Su muerte puede acompañarse de una sensación de profunda calma. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (157)

Las personas mayores como grupo de poder (y II)

“Empoderamiento” es un término  reciente y de  débil incorporación a los estudios científicos en España. Neologismo de la palabra inglesa “empowerment” es utilizada para ciertos grupos sociales  carentes de poder, que buscan asumir el control sobre sus decisiones, sus problemas y su vida. Implica un proceso por el que los excluidos eleven sus niveles de confianza, autoestima y capacidad para responder a sus propias necesidades participando y defendiendo sus derechos y toman conciencia sobre la situación de injusticia en la que viven y la consiguiente búsqueda de un cambio.  Ello   ha conducido a situaciones en las que las personas mayores intervienen activamente a través de sus organizaciones y redes sociales, consolidándose como un grupo de poder, facilitando el mayor ejercicio de roles, funciones y derechos así como la posibilidad, de ser agentes en el análisis e sus problemas y en la búsqueda de soluciones. 


El empoderamiento amplia la capacidad de participación política y social de las personas mayores y las proyectan como grupo de presión y de poder. Se busca  potenciar sus posibilidades y recursos, siendo una herramienta analítica con la que medir y promover la libertad de opción y de acción para que las personas mayores definan sus propias vidas. Consiste pues, en un proceso de reducción de la inseguridad y del incremento de las propias capacidades de los sectores pobres y marginados. No es un bien que se pueda donar, sino un proceso dinámico del que las propias personas mayores es protagonista mediante sus propios esfuerzos individuales y colectivos.  Empoderarse es atribuirse poder, tratar de hacer cambios, pensar que  se puede seguir haciendo cosas, cuidarse la salud, establecerse nuevas metas. 


El empoderamiento supone en definitiva hacer realidad hacer realidad  el derecho de la persona mayor a la participación en el desarrollo y en la vida social, cultural, política y productiva de su entorno; el derecho a contar con espacios sociales en lo cuales las personas mayores puedan identificar y trabajar sus necesidades en grupo; el derecho a asociarse libremente y a orientar la experiencia organizacional hacia la satisfacción de las necesidades propias: el derecho a autogobernar la organización para constituirse en actores válidos de la comunidad, con propuestas y estrategias  propias de solución de problemas; el derecho a capacitarse y educarse en la gestión de espacios y organizaciones que representen auténticamente los intereses, sensibilidad, cultura y experiencias de las generaciones más envejecidas
Terminamos poniendo de relieve las 10 Reglas para el empoderamiento de las personas mayores: 1. Respeta mi decisión 2. Ponte en mi lugar  3. La residencia es mi casa  4. Yo elijo donde estar  5. Escúchame, pregúntame, conóceme  6. Aprende de mi  7. No me anules  8. Ayúdame a mejorar mi calidad de vida  9. Valora mis capacidades, no mis incapacidades  10. Soy mayor, pero soy persona, ya llegaras

domingo, 24 de noviembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (156)

Programas universitarios de mayores

     Del 27 al 30 de noviembre se celebra en la Universidad de Córdoba (UCO),  bajo el lema “De la experiencia a la excelencia: creciendo en bienestar“, las XII Jornadas Internacionales sobre Asociacionismo en los Programas Universitarios de Mayores. Con tal motivo, en el presente artículo, vamos a poner de relieve algunas anotaciones al respecto. 


     En las próximas décadas,   los  adultos  de más de 50 años y los mayores de 65 tendrán un perfil distinto al actual tanto en niveles educativos, como profesionales, económicos y de estatus social, con nuevas  mentalidades, con otros enfoques, formas de pensar y de estar.  Ello obliga a revisar la formación de las personas mayores en la Universidad con   una visión complementaria tanto en objetivos como en contenido, poniendo en práctica alternativas de actuación que prepare a una sociedad con un alto porcentaje de personas mayores que exigen un nuevo protagonismo de esta institución, con revisión conceptual de los actores, así como de los procesos y contenidos de las AULAS  UNIVERSITARIAS DE MAYORES. Hay que reconocer que las iniciativas y experiencias  llevadas a cabo en las  mismas, han supuesto un camino abierto donde seguir avanzando en  exigencia de calidad,  campo de estudio que demanda investigaciones, redefiniciones, evaluaciones y reconstrucciones teóricas para estar a tono con las exigencias de las transformaciones sociales, políticas científicas y técnicas del  siglo XXI. 


     En los últimos años se ha producido un rápido desarrollo de los PROGRAMAS UNIVERSITARIOS DE MAYORES por razones de índole social, demográfica, educativa y económica, así como por la sensibilización de los organismos responsables del bienestar social y de las universidades que han facilitado estos proyectos. Pero la presencia de los  mayores en la Universidad, no puede quedar limitada a la asistencia a las clases  y al establecimiento de  relaciones con personas que tienen las mismas inquietudes intelectuales, sino que  deben colaborar activamente, participando no sólo como educandos sino como educadores, dentro y fuera del Aula. En la práctica dicha labor educadora  debe ser conducida de manera activa, participativa, y no solo como un servicio social, alternándose las exposiciones magistrales con los coloquios y acciones de grupo,  facilitando el debate entre profesores y alumnos, manejando sus propias experiencias profesionales y sociales, así como sus necesidades e  intereses, con espíritu crítico y reflexivo 


     Un modelo de atención educativa que abarque no solo la enseñanza y el servicio a la colectividad  sino    también  proyectos de investigación relacionados con el proceso  del envejecimiento  en sus aspectos geriátricos,  biológicos, sociológicos, psiquiátricos, psicológicos etc.  Un salto cualitativo en la concepción del papel del mayor en la Universidad como  agente activo y protagonista de su desarrollo social, científico y cultural, participando como “sujeto investigador”. Para ello se dotará  de  herramientas para el diseño, desarrollo y gestión de proyectos de I+D+i. que estimulen la producción científica en el área del envejecimiento, con trabajos y tesis doctorales que contribuyan en mejorar la calidad de vida de las personas mayores, con la participación de alumnos y  sus asociaciones, así como del profesorado universitario Se impone la necesidad de  promocionar y desarrollar equipos o grupos de investigación entre el alumnado de las Aulas Universitarias de Mayores.

     Terminamos poniendo de relieve  los Programas Universitario de  Mayores como   motor económico, cultural y social que prepare a una sociedad con un alto porcentaje de personas mayores. Equilibrio armónico entre su altura científica y las necesidades específicas  para conseguir su integración plena en la estructura universitaria, promoviendo los tres pilares básicos del quehacer universitario: enseñanza, participación de los mayores en la sociedad e investigación. Punta de lanza del cambio de la Universidad,  que permitirá crear espacios compartidos con alumnos jóvenes,  facilitando el camino en busca de una Universidad Intergeneracional.  

domingo, 17 de noviembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (155)

Las personas mayores como grupo de poder (1 de 2)

EDADISMO O DISCRIMINACIÓN POR EDAD

Comenzamos este artículo destacando la incidencia que tienen los prejuicios sociales sobre determinados grupos minoritarios - en nuestro caso las personas mayores- en la disposición de poder sobre sí; en la posibilidad de darse su propia norma;  y en el reconocimiento de la capacidad para seguir disponiendo de su vida.  En estos últimos tiempos, han aumentado tanto su número que han terminado por ser vistos, dado el logro del incremento en las expectativas de vida. Es el sector poblacional que más crece en el mundo, lo que ha generado una revolución demográfica sin precedentes. Al parecer, en una sociedad de masas, lo que no abunda,  sencillamente no es visible


 La situación de la vejez, en relación con los usos del poder, ha sido variable en la historia occidental, encontrándose momentos  de alta valoración e incluso de gerontocracias; y etapas de crítica, denigración y negación de la misma. Su representación se ha  asociado a una visión biológica de decrecimiento, condicionada por  los estereotipos negativos que recaen sobre ella, minando lenta y progresivamente la consideración que las personas mayores tienen de sí mismas; de su  modo de ser y de comportarse. Agrupados  en colectivos homogeneizados, se consideran como frágiles, enfermos, dependientes, deteriorados, depresivos, rígidos. Se les asigna un  lugar desvalorizado y marginal  en la sociedad. Se pone el énfasis en el componente costoso de la atención pública a los mayores en el Estado de Bienestar y se les asigna  un papel  pasivo, minusvalorando su actividad y los beneficios que podrían derivarse de ellos. Nos enfrentamos  al “edadísmo” o discriminación por edad


          Pero el envejecer es un proceso complejo. Las personas mayores forman un grupo heterogéneo,  producto de historias individuales, complejas y diversas, con necesidades distintas. Hacerlo reflexivo invitando a conocerlo, investigarlo y asumirlo constituye un requisito básico, en la construcción de una sociedad para todas las edades.. En el último tercio del siglo XX tuvo lugar la revisión de ciertos códigos culturales con la convicción de que debería haber una reacción alternativa contra los mitos populares de dependencia, lo que ha posibilitado el fortalecimiento del concepto de  persona mayor, reconstruyendo su identidad. Cada vez mas personas llegan a la vejez  y  son mas quienes superan los 80 años,  con mejor calidad de vida que en décadas anteriores. Estas nuevas generaciones  de personas mayores comienzan a derrumbar las imágenes negativas asociadas al proceso del envejecimiento, como los prejuicios vinculados al “no puedo”, ”a mi edad para que”. Diariamente demuestran que “si pueden” seguir aprendiendo, descubriendo capacidades, y haciendo valorar su voz y reclamar sus derechos.  (continuará)





domingo, 10 de noviembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (154)

Principios a favor de las personas de edad

Los Principios de las Naciones Unidas a favor de las Personas de Edad fomentan la promoción y el respeto de la independencia, la participación, los cuidados, la autorrealización y la dignidad de los adultos/as mayores.

* Independencia: Las personas de edad deberán

1. Tener acceso a alimentación, agua, vivienda, vestimenta y atención de salud adecuados, mediante ingresos, apoyo de sus familias y de la comunidad y su propia autosuficiencia.

2. Tener la oportunidad de trabajar o de tener acceso a otras posibilidades de obtener ingresos.

3. Poder participar en la determinación de cuando y en que medida dejarán de desempeñar actividades laborales.

4. Tener acceso a programas educativos

5. Tener la posibilidad de vivir en entornos seguros y adaptables a sus preferencias personales y a los cambios de sus capacidades.

6. Poder residir en su propio domicilio por tanto tiempo como sea posible.

* Participación

7. Permanecer integradas en la sociedad, participar activamente en la formulación y la aplicación de las políticas que afectan directamente su bienestar y poder compartir sus conocimientos y pericias con las generaciones más jóvenes

8. Poder buscar y aprovechar oportunidades de prestar servicio a la comunidad y de trabajar como voluntarios en puestos apropiados a sus intereses y capacidades.

9. Poder formar movimientos o asociaciones

* Cuidados:

10. Poder disfrutar de los cuidados y la protección de la familia y la comunidad de conformidad con el sistema de valores culturales de cada sociedad.

11. Tener acceso a servicios de atención de salud que les ayuden a mantener o recuperar un nivel óptimo de bienestar físico, mental y emocional, así como a prevenir o retrasar la aparición de enfermedades

12. Tener acceso a servicios sociales y jurídicos que les aseguren mayores niveles de autonomía, protección y cuidado.

13. Tener acceso a medios apropiados de atención institucional que les proporcionen protección, rehabilitación y estímulo social y mental en un entorno humanitario y seguro.

14. Poder disfrutar de sus derechos humanos y libertades fundamentales cuando residan en hogares o instituciones donde se les brinden cuidados o tratamiento, con pleno respeto de su dignidad, creencias, necesidades e intimidad, así como de su derecho a adoptar decisiones sobre su cuidado y sobre la calidad de su vida

* Autorrealización

15. Poder aprovechar las oportunidades para desarrollar su potencial

16. Tener acceso a los recursos educativos, culturales, espirituales y recreativos 

* Dignidad

17. Poder vivir con dignidad y seguridad y verse libres de explotaciones y de maltrato físico o mental.

18. Recibir un trato digno, independientemente de su edad, sexo, etnia, discapacidad u otras condiciones, y han de ser valoradas independientemente de su contribución económica_

domingo, 3 de noviembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (153)

Salud, dinero y amor en el marco de la vejez

      Mientras es posible valerse por uno mismo  para caminar, orientarse, vestirse, leer- nos resistimos a vernos como un viejo, ya que lo que caracteriza  la vejez es, por encima de todo, la falta de autonomía,  la dependencia, que impide llevar una vida normal. En tal situación, la persona mayor teme ser abandonada a su suerte,  a que dejen de cuidarla o la excluyan definitivamente de la vida de los otros, de los seres más cercanos.

            Por otro lado la tecnificación y la especialización de la medicina tienen el peligro de perder de vista al ser humano, al individuo, manteniendo un modelo de medicina dirigido sólo a curar la enfermedad y a alargar la vida. Los fines de la medicina deben cambiar si queremos  buscar una vejez de calidad que no haga de los ancianos un colectivo de excluidos.

Por otro lado en el modelo de ESTADO DE BIENESTAR,  la vejez se encuentra materialmente protegida. Pero esa protección siempre es escasa e insuficiente.  La jubilación debería significar el comienzo de un período más tranquilo y descansado. No obstante el paso obligado a engrosar las filas de los pensionistas representa, en la mayoría de los casos, una de esas «nuevas exclusiones» que florecen en las actuales democracias sociales. Nuestro modelo de sociedad tiende a relegar a los viejos a la inactividad, o a una actividad nada reconocida, como la de ejercer de abuelo.

La inactividad forzada trae consigo la pérdida de capacidad adquisitiva y, por tanto, añade un elemento de capital importancia a la condición de inexistencia social que padecen los mayores. En la sociedad de consumo, el que no produce ni consume en grandes proporciones, deja de existir. Es lo que les ocurre a los mayores, que poco a poco irán descubriendo que la oferta del mercado no va dirigida a ellos.  Sin embargo también es cierto que, a medida que la sociedad va envejeciendo, el mercado no tarda en encontrar una nueva fuente de ingresos,  la de las «necesidades» de los ancianos. Las «tiendas del abuelo», todavía excepcionales, han de acabar proliferando, contribuyendo a generar demandas, ya que la persona mayor es alguien que solicita y necesita mercancías especiales porque el envejecimiento trae consigo una serie de achaques y necesidades. Pero las cosas para cubrir las necesidades de  los viejos han sido diseñadas para otras edades, no para la vejez. La vista cansada, por poner un solo ejemplo, es un achaque generalizado a partir de una edad relativamente temprana. Sin embargo, todo lo que hay que leer -libros, periódicos, letreros, anuncios- está hecho sólo para quienes conservan la agudeza visual intacta. Se lamentaba de ello Ramón y Cajal en su espléndido libro El mundo visto a los ochenta años, y escribía: «Atendiendo a móviles económicos, editores e impresores parecen confabulados para atormentar a la senectud estudiosa”

           Como hemos puntualizado anteriormente, la protección de la salud es un derecho fundamental y el goce de una renta mínima es uno de los bienes que todo estado justo debería garantizar. Pero no basta la justicia como condición de unos mínimos de felicidad; también tiene que haber amor, compañía, fraternidad, solidaridad. Virtudes estas últimas que no puede proporcionar la administración pública, como hace con las pensiones o con la protección de la salud, sino que dependen de una buena disposición en nuestras mutuas relaciones. Los mayores no sólo necesitan justicia, sino también afecto, incluso compasión, si entendemos bien esta palabra como el «sentir con» el que sufre y lo pasa mal. Si queremos evitar que los ancianos se sientan excluidos habrá que apelar a las actitudes de las personas y no sólo a una gestión de las administraciones públicas más justa. Los mayores necesitan afecto, cuidado, estima, para poder a su vez autoestimarse. Necesitan la cercanía de la familia, de los amigos, una cierta calidez social.

Para que las tres condiciones mencionadas, salud, dinero y amor logren una vejez más digna, la sociedad debe transformarse: tiene que haber cambios en las políticas públicas que replanteen la obligatoriedad de la jubilación, que aseguren la garantía y dignidad de las pensiones, que ayuden a las familias para que éstas puedan cuidar de los mayores, que reconozcan el valor de cualquier forma de trabajo sea o no remunerado; tiene que haber cambios en la medicina para que el cuidado entre a formar parte de sus fines como lo ha sido siempre el curar; y tiene que cambiar la educación.  Prepararse para la vejez es la forma de prepararse para vivir dignamente, y los recursos de los que uno puede echar mano en la vejez no se improvisan, sino que se atesoran a lo largo de toda la vida

sábado, 19 de octubre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (152)

La vejez como oportunidad

Ver la vejez no como un problema  sino también como una oportunidad es uno de los grandes retos que, a nivel individual y colectivo, nos plantea una sociedad cada vez más envejecida.

Siguiendo a Victoria Camps Catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad  Autónoma de Barcelona, vamos a describir la vejez como una etapa del ciclo vital en donde todavía es posible encontrar la oportunidad de mejorar la calidad de vida

Todos tenemos personas cercanas que viven difícilmente la vejez: con dependencias, demencias, soledad, incomprensión, escasez económica Nos han educado, mejor o peor, para vivir la vida característica de un ser adulto con todas sus facultades en juego. No nos han educado para enfrentarnos a la decadencia y a las limitaciones que trae consigo el paso de los años. 


Cada cual puede abordar su vejez de dos maneras: viéndola sólo como un problema, causa de angustias y de desesperación, o viéndola como la oportunidad de vivir de otra forma, de sacar el máximo partido de las propias capacidades.

La primera visión: la vejez viéndola como un problema. En este sentido Norberto Bobbio, un eminente filósofo del Derecho  al cumplir los ochenta años, escribió uno de los textos más desgarrados de la literatura sobre la vejez, con el título De Senectute.  En  el leemos lo siguiente: La sabiduría para un viejo consiste en aceptar resignadamente los propios límites los cuales conozco bien, pero no los acepto. Los admito únicamente porque no tengo más remedio. Mi vejez es la vejez melancólica.  Es la imagen de la vida como una calle donde la meta siempre está más lejos y, cuando creemos que la hemos alcanzado, no es la que habíamos pensado como definitiva. La vejez se convierte entonces en el momento en que nos damos cuenta de que el camino no sólo no está realizado, sino que ya no hay tiempo para realizarlo

La segunda visión: la vejez viviéndola como oportunidad de vivir de otra forma. En este sentido, Rita Levi Montalcini una científica  premio Nobel de Medicina en 1986,  escribía a una edad cercana a los ochenta años, un libro rebosante de esperanza titulado “El as en la manga”. En sus páginas podemos leer: “No debemos vivir la vejez recordando el tiempo pasado, sino haciendo planes para el tiempo que nos queda, tanto si es un día, un mes o unos cuantos años, con la esperanza de realizar unos proyectos que no pudieron acometerse en los años de juventud.



El cerebro es el «as en la manga» que todas las personas tienen y deben saber utilizar adecuadamente en la vejez. En el juego de la vida, la carta más alta es la capacidad de valerse especialmente en la vejez, de las actividades mentales y psíquicas propias.  Es cierto  que los factores extrínsecos como el deterioro físico, la dependencia, el dolor, las enfermedades, conducen a la desgana de vivir y a la decrepitud, a sentimiento de ineptitud y la consiguiente desesperación por ir viendo mermadas las propias capacidades. Pero en muchas ocasiones entran en juego factores de naturaleza intrínseca como la falta de previsión en la juventud y en la edad adulta, al no haberse preparado para ejercer actividades alternativas en la vejez. 

No debemos ignorar, a lo largo de la vida, que algún día tendremos que enfrentarnos a la vejez. Si lo ignoramos, es muy fácil que, cuando llegue el momento de tener que echar mano de algunos recursos intrínsecos, nos encontremos con la triste realidad de que no tenemos ninguno porque no fuimos previsores ni capaces de almacenarlos. Esa previsión es, a fin de cuentas, el «as» que puede salvarnos en el trance de la vejez.

«Todo el mundo quiere vivir muchos años, pero nadie quiere llegar a viejo». En efecto, cada vez está más en nuestras manos la posibilidad de vivir más tiempo, pero aspiramos a que esa vida más larga no sea la que le correspondería al anciano, sino la de un cuerpo sano y al máximo de sus potencialidades.

La clave está en conseguir «una vida de calidad», no simplemente en seguir viviendo. Y creo que ése es el objetivo en el que debemos empeñarnos si queremos que la vejez sea  no tanto un problema como una oportunidad. Como decía la antigua copla, lo que necesitamos son tres cosas: salud, dinero y amor. 

domingo, 13 de octubre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (151)

Capacidad de adaptación y continuidad en la vejez

Hace más de un siglo y medio, un maestro regresaba a su casa, en un pequeño pueblo. Le llamó la atención una luz en la ventana del zapatero, y al asomarse vio a éste trabajando a la luz de una vela a punto de extinguirse. Entró su esposa y le dijo: «Ya es tarde, la cena está lista, ven a comer.» Respondió el zapatero: «Ya voy. Mientras arde la vela, algo puede hacerse.» Se alejó el maestro, reflexionando sobre la escena.

Al día siguiente, les dijo a sus alumnos: «Ayer aprendí una muy importante lección de un viejo y humilde zapatero: mientras arde la vela, algo puede hacerse. Se trata de la vela de la vida: mientras hay vida, se puede reemprender el camino elegido.

Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena. El envejecimiento es un proceso en constante evolución, complejo y fascinante que experimentan todos los seres humanos. Es un cambio continuo que ocurre a través de toda la vida desde el mismo momento del nacimiento. Se manifiesta de una forma compleja por cambios en  múltiples facetas - fisiológicas, emocionales, cognitivas, sociológicas, económicas e interpersonales -. Pero estos cambios ocurren de manera diferente en cada una de las personas. Cada persona envejece en función de cómo haya vivido. El envejecimiento es un proceso diferencial,  Se   considera que la personalidad y los patrones de comportamiento continúan cambiando a través del ciclo de vida en respuesta a una variedad de sucesos y condiciones. 



La vejez es una etapa en el curso de la vida de cada individuo, una fase natural con ventajas y desventajas. Etapa distinta y la última en el desarrollo del ciclo de la vida. Los viejos no son ni más ni menos que personas con su propia individualidad. Cada uno envejecerá a su manera y dependiendo de sus circunstancias, como pasa en cualquier etapa de la vida. Uno decide, individual y subjetivamente, cuándo se considera un viejo. Pero el viejo no vive sólo, y la mirada del conjunto es muchas veces negativa y discriminante 



 La vejez se considera como una etapa que viene caracterizada  por su capacidad de adaptación a los cambios que supone: sobrevivir a los años de madurez; el sentido del nido vacío; el retiro del empleo; la etapa de ser abuelo o abuela; la soltería en la edad avanzada provocada por la viudez; el divorcio y los cambios en vivienda. En esta etapa, ya los hijos son adultos, muchas veces se han casado, tienen hijos propios, y viven lejos de los padres y madres. Probablemente el esposo o esposa y varias amistades han muerto. Algunas personas pueden padecer un deterioro mental o físico por lo cual requieran institucionalización. Por estas circunstancias, la vejez muchas veces se distingue como una etapa sin funciones sociales o una fase que acorta la actividad social y la persona va alejándose de la sociedad o puede enfrentarse a un posible aislamiento social.



Sintetizando, se puede decir que la vejez es una etapa más de la vida, al igual que la niñez y la juventud. La vejez es una etapa en el ciclo de la vida en la cual las personas poseen menos control de lo que les ocurre que en otras etapas del desarrollo, y en la cual se confrontan una serie de acontecimientos, que pueden verse como positivos o negativos, dependiendo de muchos factores. Por ejemplo, el retiro del empleo con la consiguiente jubilación, para algunas personas puede ser visto como algo positivo y para otras como algo negativo. Independientemente de que los acontecimientos sean positivos o negativos, debe ocurrir un ajuste a los cambios si los individuos quieren alcanzar un nivel de satisfacción en cualquier etapa de su ciclo de vida. Muchas personas de mayor edad están satisfechas con su vejez y la entienden como una extensión de su pasado. Si se logra un compromiso con la integración y la crisis de la vejez se resuelve, emerge la fortaleza de la sabiduría, la cual implica que el individuo es capaz de aceptar que la vida está llegando a un final. 


jueves, 3 de octubre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (150)

Barreras arquitectónicas y personas mayores


Es indudable que las personas mayores en razón de las consecuencias propias de la edad y su estado de salud, pueden llegar a tener algún o algunos límites para relacionarse con su medio, límites que pueden ser de carácter físico como dificultades en la movilidad para subir escaleras, salvar desniveles, dificultad de giro, o dificultades de carácter sensorial, pérdida de vista, de audición, etc. que les impida la libre circulación por su ciudad o lugar de residencia, o les reduzca la capacidad para todo ello. En definitiva pueden tener alguna minusvalía de hecho, aunque no esté reconocida como tal por las autoridades administrativas. 



¿Quién es minusválido a efectos de aplicación de la normativa sobre supresión de barreras arquitectónicas? La ley se limita a mencionar a "personas con minusvalía" sin expresar ulteriores requisitos, lo cual ha venido siendo interpretado por la Jurisprudencia en el sentido de que no es necesario que la minusvalía sea declarada por las autoridades administrativas, bastando con el carácter permanente de las deficiencias motrices, por lo que el concepto de minusválido debe entenderse en un doble sentido: las personas mayores de setenta años y los menores de dicha edad, con disminución permanente para andar, subir escaleras o salvar barreras arquitectónicas, se precise o no de prótesis o de silla de ruedas



Son barreras arquitectónicas todo impedimento u obstáculo físico que dificulte o impida la libertad física o sensorial de las personas. Estas barreras .se  clasifican en cuatro grupos según sus  características, para establecer las medidas técnicas necesarias para  suprimirlas. Estos grupos son:- Barreras Arquitectónicas Urbanísticas.- Barreras Arquitectónicas en la Edificación. - Barreras Arquitectónicas en los Transportes. - Barreras Arquitectónicas en la Comunicación Sensorial.

Las  Barreras Arquitectónicas Urbanísticas vienen  dadas por los obstáculos que dificultan o impiden la movilidad en las vías públicas y espacios de uso común como parques, jardines, plazas así como del mobiliario urbano del que estén dotados esos espacios. Nos referimos a pavimentos, escaleras, alcantarillado, instalaciones de luz, de abastecimiento de agua, jardinería, postes de señalización, fuentes, cabinas de teléfono, toldos, marquesinas, kioskos, etc. Como norma general se trata de eliminar en estos espacios todos los componentes de los mismos y materiales que dificulten la movilidad de las personas mayores que tienen limitada su movilidad y capacidad de percepción , y en el caso del mobiliario urbano, se trata de instalar los que en su diseño, resulten accesibles, no obstaculicen el tránsito o si tienen que tener un carácter informativo, que la información que deben suministrar sea comprensible por cualquier persona con capacidad sensorial limitada.

En cuanto al segundo grupo, las Barreras arquitectónicas en la Edificación, se imponen las medidas arquitectónicas que hagan posible la accesibilidad en los edificios tanto de uso público como de uso privado a personas mayores con movilidad reducida o que sufran algún otro tipo de limitación. Y así en los edificios de uso público la construcción, ampliación o reforma de estos edificios deberá hacerlos adaptados o accesibles, de modo que permitan su acceso y tránsito de forma cómoda y autónoma para personas mayores con limitaciones..



Barreras Arquitectónicas en los Transportes Públicos. Supresión de barreras arquitectónicas, respecto a los servicios de transporte de viajeros, tanto en relación a los vehículos destinados al transporte publico de viajeros, como en las estaciones destinadas al tránsito de viajeros. Respecto a éstas deberán respetarse las normas mínimas señaladas para los edificios de uso público, estableciendo además algún tipo de normativa específica respecto a la visualización de andenes, señalización, información o mobiliario existente en los mismos. Se establece la obligatoriedad de la adquisición de los nuevos vehículos de transporte público adaptados en cuanto a visualización y señalización sonora de información de paradas, anchura mínima de los vehículos para que puedan circular libremente viajeros en sillas de ruedas, plazas y asientos reservados próximas a las puertas de acceso... Se determina igualmente la obligatoriedad de contar con un vehículo especial o taxi en poblaciones con un número superior de habitantes determinado o por determinar

Barreras Arquitectónicas Sensoriales (o en la comunicación).  Establecimiento de ayudas técnicas que hagan accesibles los sistemas de comunicación y señalización a las personas con limitaciones sensoriales, la formación de profesionales intérpretes en el lenguaje de signos que faciliten la comunicación de las personas con dificultades. También se trata esta cuestión garantizando el acceso a los lugares de uso público de perros-guía, que acompañen a personas con limitaciones visuales. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (149)

Pautas para una vejez digna y feliz

Cuidará su presentación todos los días. Vista bien, muéstrese pulcro, arréglese como si fuera a una fiesta...¡Qué más fiesta que la Vida!.

No se encerrará en su casa ni en su habitación. Nada de jugar al enclaustrado ni al preso voluntario. Saldrá a la calle y de paseo al campo. El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.

Amará al ejercicio físico como a si mismo. Un rato gimnasio, una caminata tan vigorosa como pueda dentro o fuera de casa. Contra inercia...¡diligencia! ¡Nunca camine mirando al suelo ni a pequeños pasos! 

Evitará actividades y gestos de viejo derrumbado. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose, el vestido manchado. ¡NO! que la gente le diga un piropo cuando pase. 

Nunca se crea más viejo y más enfermo de lo que en realidad esté. Le harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de achaques, enfermedades u hospitales. Deje de autollamarse viejo y considerarse enfermo... ¡Tome tan pocas medicinas como pueda y medíquese de Vida! 

Cultivará el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sea positivo en los juicios, de buen humor en las palabras, risueño de rostro, amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es una cuestión de años, sino un estado de ánimo. 




Tratará de ser útil a sí mismo y a los demás. Hágase necesario. No sea un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástese por sí mismo hasta donde sea posible y ayude a otros. Ayuda con su ejemplo, con su alegría, con una sonrisa, con un consejo, con un servicio. 

Trabajará con sus manos y con su mente. El trabajo es la terapia infalible contra el tedio de la vida. No se jubile si no está preparado, ello es capaz de marcar su muerte biográfica. Cualquier actitud laboral, intelectual o artística son medicinas para todos los males, ¡la bendición del trabajo! Cuando termine una actividad, tenga preparada otra, así siempre estará entretenido, creciendo y adquiriendo más sabiduría.




Mantendrá vivas y cordiales las relaciones humanas. Desde luego primero las que anidan dentro del hogar, integrando a todos los miembros de la familia. Ahí tiene la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida. Luego escuchará el corazón a los amigos, con tal de que los amigos no sean exclusivamente viejos como Vd. 



        No pensará que todo tiempo pasado fue mejor. Deje de estar condenando a su mundo y maldiciendo su momento. ¡Alégrese de haber llegado a la edad que tiene y sea feliz! 

domingo, 15 de septiembre de 2013

LA VENTANA DEL MAYOR (148)

Hogar y personas mayores

Es bien conocido el aumento de la esperanza de vida. Por ello el cómo y dónde vivir cuando seamos personas mayores es una situación que debemos contemplar.

Según el Instituto Nacional de Estadística, un 80% de las personas mayores, tienen su vivienda en propiedad y libre de cargas económicas; y el 15% se encuentran en  alquiler en régimen de “vivienda antigua”, pagando una cantidad baja si se comparan con el resto de alquileres de otros grupos de edad.

         Una característica general de la vivienda de las personas mayores es  su antigüedad, lo que conlleva ciertas carencias de gran importancia, como puede ser la falta de ascensor - hasta en un 35% de las viviendas -, lo que repercute en la movilidad de las personas y por tanto agrava la dependencia. Otras carencias, aunque se dan en menor medida, son la falta de calefacción, de teléfono y de agua caliente. Como dato positivo hay que destacar que las viviendas de nuestros mayores tienen una mayor superficie comparándolas con las de otros grupos de edad.  Para remediar estas deficiencias nos encontramos con los programas de rehabilitación de viviendas
       
        En un momento de nuestra vida puede presentarse la necesidad de  solicitar ayuda en el ámbito del hogar por problemas  físicos, psicológicos, familiares e incluso económicos. Esta ayuda  se lleva a la práctica mediante la prestación de determinados servicios, como:

        Programas de asistencia domiciliaria  centrados principalmente en mayores con problemas de autonomía personal o con alguna discapacidad o minusvalía y también en aquellos con problemas sociales. Es un servicio muy demandado puesto que los mayores prefieren envejecer en su casa aunque no puedan valerse por sí mismos Cubren las necesidades básicas diarias, realizando tareas del hogar.



La ayuda  o asistencia en el hogar se ha visto complementada desde finales de los años ochenta con la teleasistencia. Tan solo con pulsar la alarma permite la atención en cualquier momento del día de las personas mayores con dificultades de movilidad o que vivan solos, ante situaciones de emergencia, de soledad, de crisis de angustia, o simplemente por la necesidad de hablar con alguien. Además, facilita la atención de las emergencias en el domicilio, movilizando los recursos asistenciales necesarios

Una nueva ayuda en los últimos tiempos está siendo la telemedicina. A través de medios telemáticos apoyados  en la línea telefónica, se puede controlar a un mayor convaleciente en su hogar, sin necesidad de que realice desplazamientos frecuentes.



Viviendas compartidas entre jóvenes y mayores,  por ejemplo, entre un mayor que vive solo y un estudiante universitario. Es una experiencia que funciona en varias ciudades y en la que ambos se hacen compañía y comparten los gastos.
Viviendas compartidas entre varios mayores. Se trata de casas supervisadas en las que vive un grupo pequeño de mayores que disponen de un cierto nivel de autonomía para su vida diaria pero que tienen dificultades para vivir solos


Otras  ayudas en este ámbito, fuera del ámbito del hogar,  pero sin abandonar el mismo, lo podemos encontrar en:

Los Centros de día donde puede acudir la persona mayor durante el día regresando al domicilio para dormir.  Ofrecen ayuda y atención sobre todo a personas con dependencia para las actividades de su vida diaria y problemas médicos y/o psicosociales.


Los Centros de mayores conocidos como hogares del jubilado en donde  se facilita la convivencia entre las personas  mayores con actividades socioculturales así como con servicios de información y de atención sociosanitaria.
En casos de tomar la decisión de dejar la casa de toda la vida nos encontramos con las residencias  públicas, privadas o concertadas, que cumplen con una serie de condiciones y requisitos mínimos establecidos previamente y que garantizan una calidad mínima y aceptable en la atención a los mayores. Es  un sistema de alojamiento  sobre todo para aquellas personas que tienen algún tipo de dificultad o limitación física o psíquica y no pueden permanecer en su domicilio habitual. También hay mayores que encontrándose bien prefieren vivir en estos centros, que disponen también de programas de estancias temporales o de terapias de apoyo.

Por último resaltamos en el ámbito del hogar de las personas mayores los denominados “complejos residenciales”, que proporcionan todo tipo de servicios y suelen estar formados por viviendas tuteladas independientes. Se trata de grandes urbanizaciones que están proliferando principalmente en la zona mediterránea y que además de viviendas, a las que se les dota de todo tipo de servicio doméstico, disponen de un centro médico e incluso de una residencia para las personas con mayor dependencia


Concurso Calaf 2
Concurso Calaf 3